Me está costando mucho adaptarme a esta manera de vivir, con tantas obligaciones y responsabilidades, de verdad que hago todo lo que está al alcance de mi mano para cumplir con las obligaciones que he adquirido a lo largo del tiempo, mis estudios, la beca de colaboración en la universidad, el trabajo de profesor por las tardes y la más importante de todas y que va en un lugar aparte, llevar una vida contigo, compartir mi vida contigo. Sé que ya me diste un muy buen consejo, vivir día a día riéndome de lo que me pase, porque nada es en el fondo tan importante como para que nos afecte verdaderamente. Pero a veces me vengo abajo, y no sé por qué, es como si de repente fuese invisible a los ojos de todo el mundo, y al mismo tiempo como si todo el mundo excepto yo mismo, supiera que voy a ser capaz de sacar adelante todo, porque sí, como si yo fuera una garantía, y en el fondo me siento un gran desastre, que no es capaz ni de saber colgar bien un abrigo en un armario, o afeitarse bien la cara sin cortarse.
Y no sé qué me viene a la mente, pero me veo cada vez más lejos de mí mismo, como si hubiera perdido el tiempo para hablar conmigo, para saber estar contigo, para quitarme esta máscara que me está empezando a salir de estar con tanta gente extraña todos los días. Y te juro, que la única persona que me da ganas de seguir viviendo la vida eres tú, la única que con una palabra de aliento puede darme tanta fuerza que acaba con toda mi tristeza, como acaban los incendios en verano con los bosques, como se abre el cielo azul después de la tormenta dejando pasar el sol de nuevo. Así son tus palabras para cuando estoy triste, y sólo con hablar contigo se me van las dudas y esa extraña inclinación que tengo a hacerme daño prometiéndome que soy un inútil en el fondo. Soy como una habitación a oscuras, y tú eres mi ventana, mi contacto con el mundo exterior, y también eres como el pequeño flexo que ilumina mi poco iluminado cuarto cuando es de noche. Eres mucho para mí, muchísimo, tanto que aunque quisiera describir una a una las cosas que siento por ti, siempre me quedaría corto, como el horizonte no cabe por entero en nuestra mirada, como tampoco caben todas las estrellas del cielo a la vez en los ojos, porque el cielo siempre es más grande.
Hoy he tenido uno de esos momentos en los que me quedo a solas, justo después de hablar contigo por teléfono, comiendo enfrente del televisor apagado, sin escuchar nada, sólo el ruido que hacían los coches al pasar o algún vecino entrando a casa y he comprendido dos cosas. Una, que no puedo vivir sin ti, y dos, que en el fondo nunca dejo de hablar y de estar contigo. Cuando no estás, no necesito nada más que pensar en ti, y pensar en lo que me dirías si estuvieras conmigo, o en la tontería que te diría para hacerte reir, o vete tú a saber... Pero te llego a imaginar a mi lado, como los niños que juegan con amigos invisibles, y empiezo a hablar contigo y a responderme con lo que tú me dirías, y empezo a recordar las cosas que me cuentas y los lugares a los que quieres ir, y todo lo que me gustaría hacer contigo si tuviéramos tiempo, y acabo por no entender el mundo, siempre acabo por no entender el mundo, por no dejarme estar siempre a tu lado. Hoy estaba tan cansado, y tan aburrido de estudiar lo mismo otra vez, que me que me he quedado dormido pensando en ti, y he soñado que me llevabas a visitar todas las casas donde he vivido y me explicabas allí dentro, que todas esas casas en realidad no eran para tanto, sino que yo mismo les había dado ese valor. Y de repente me llevabas a otro sitio, como para enseñarme un secreto, como si fuera algo que tenías guardado para mí, y ha sido justo cuando ha sonado el despertador dando las siete de la tarde, y al poco rato, en esa duermevela en la que me quedo siempre, me has llamado tú.
Y no sé cómo, escribiéndote, quiero decir, después de haberte escrito esto. Me siento mucho mejor, y mucho más tranquilo.
Un millón de besos mi vida.
Te quiero.
FJLeón
