Llevo mucho tiempo sin escribirte por aquí, hoy he visto que esta sería la entrada 151 del blog, ha estado muchos días parado esto en la 150. Ya sabes que no he tenido ni mucho tiempo, ni internet accesible de forma normal en Viena, por lo menos te pude llamar cada día, y hablar alguna vez contigo por internet, pero echaba de menos pasar la mirada por estas líneas pensando en ti y dejando escrito lo que siento cada día que paso contigo.
Creo que ya lo sabes, pero siento por ti sentimientos y sensaciones que no caben en las palabras y que no saben de distancias, ni de lugares. Te llevo en mi voz, y en mi cuerpo, y te llevo en mis pensamientos allá donde estoy, porque todo lo que me atrae de esta vida en el mundo lo guardas tú. La belleza, la sinceridad, la blancura en el alma y en la piel, el color de tu pelo y la forma rizada y perfecta en que cae, eres lo más cercano a lo divino para ví y lo más cercano a la vida misma que tengo. Me faltan siempre las palabras para hablarte de ti, porque son muchas sensaciones y sólo un alfabeto para explicarlas.
Quiero agradecerte de verdad, con emoción de la que te hace caminar por las calles con una sonrisa escondida en el pecho, que vinieras a verme a Viena con Alberto y con Rosa, han sido unos días muy especiales para mí, por ser tú quien vinieras, por el lugar, por el problema del idioma que conlleva y por todo.
Y que me encantas, que no sé vivir ni un minuto de mi vida sin ti, y que daría todo lo que tengo por no morirme nunca y pasar todo el tiempo del mundo a tu lado, como hay unas estrellas al lado de otras brillando durante mucho tiempo.
Eres única para mí.
Te quiero mi vida.
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