Es difícil volver a sentarse a escribir algo, después de lo que hemos vivido juntos este fin de semana, digo difícil, no digo que me sienta mal, sino que es difícil porque en mi interior tengo todavía enmarañada como una enredadera un montón de sensaciones buenas y malas al mismo tiempo, malas porque a nadie le gusta vivir estas cosas, y buenas porque han sido a tu lado y somos la primera pareja que duerme juntos en casa de mis abuelos, nadie lo había conseguido hasta entonces.
No quiero hablar de Papantonio porque lo sabes ya todo, o casi todo, algún día te enseñaré las cintas para que puedas conocer como contaba las cosas de bien, con que fineza y con qué buen sentido del humor.
Y nada más, que hay algo dentro de mí que ha aprendido que las cosas nunca volverán a ser como fueron un día y que era como en mis sueños. Es como si con Papá (yo le llamaba así) se hubiera cerrado el libro de una parte importante de mi vida que tiene que ver con la infancia y sobre todo con el miedo a morir, después de haberle despedido a él, creo que me ha enseñado a comprender un poco más la vida.
Es una de las personas que más he querido y admirado nunca, y era Escorpio como tú, tenía esa tranquilidad y ese orden en cada pequeña cosa, y tenía esa manera de querer tan a solas que tienes tú y ese apego al buen tiempo, a las tardes tranquilas y a la soledad compartida de dos en dos, que es como se pueden hablar las cosas. Nunca hablaba para más de dos o tres personas, cuando nos contaba algo. La verdad es que de alguna forma me gustaría comprender mejor qué es lo que hay que hacer, para hacer felices a las personas que queremos en la vida. Me gustaría saber qué es lo que te haría a ti más ilusión en este mundo, para poder cumplir con ese deseo. Mi deseo en la vida, es pasar mi vida a tu lado y poder llegar a escribir muchas de las cosas que siento por ti y que he aprendido a la largo de todo este tiempo que llevo vivo, para que alguien pueda comprenderse mejor, y para que sepa todo el mundo lo importante que es dejar algo en los demás que merezca la pena.
Te quiero mi vida,
te quiero un montón.
Un millón de besos.
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