Hola Estela, hoy quiero sacar un rato antes de nada en el día, porque la conversación que tuvimos anoche me dejó pensativo y me gustaría explicarte lo mejor que pueda lo que pienso y siento respecto del tema de la belleza y su percepción, ya que he podido ver que tú no eres consciente de lo terriblemente hermosa que eres y de lo lleno de belleza que está cada uno de los centímetros de tu piel y átomos que forman tu cuerpo.
La belleza y la hermosura tienen su origen en nuestra lengua en dos raíces, bel= Que en un origen significaba blanco y Herm= ferm, que significa cerrado. Es decir que lo bello es aquello que desde su blancura irradia su forma perfecta, y lo hermoso, es aquello que sólo puede estar encerrado en sí mismo, y que en su propia naturaleza cerrada se encuentran los límites de esa belleza conformada. El sentido de la blancura, tiene que ver con la pureza, con aquello que no hay sido invadido por nada. Lo limpio es blanco, el aire fresco esta limpio, las estatuas de mármol eran blancas y el cielo cuando está sin nubes es blanco en el horizonte. La blancura siempre ha sido signo de elegancia y de belleza, la blancura en el sentido de pureza. Porque un color negro puede ser tan puro, que puede resultarnos bello.
Cuando las cosas están cerca de su origen, siempre son más bellas, porque son más puras. Y por eso el concepto de hermosura lo completa, porque lo cierra, porque le pone límites a esa belleza que fuera de sí misma sería otra cosa, como los límites del lienzo de un cuadro, o los márgenes de un folio.
Por eso déjame decirte que tú eres bella y eres hermosa, por varios motivos que voy a intentar trazar, pero que quedarán incompletos, porque harían falta siglos de explicación para dar con las palabras correctas que definieran lo infinitamente preciosa que eres.
Como presencia cercana, como objeto que se sitúa delante de un observador, no hay nada más agradable para las armonías de la vista, las armonías naturales y no modificadas artificialmente por el bombardeo publicitario de nuestra época, ni por un canon absurdo antinatural e impuesto económicamente para que te tengas que comprar cientos de productos que al final no producen más que un mínimo efecto irreconocible a gran escala. Como decía, ante los ojos de cualquier persona que sea persona humana, capaz de mirar con sus ojos, como miran los perros con sus ojos de perro, tú eres increíblemente simétrica y proporcionada. De arriba a abajo.
Desde la increíble forma de tu pelo, con rizos que son como las olas del mar cuando llegan a la playa, de color de otoño, de madera de roble, suave como los recuerdos de la infancia e infinitamente sensual como la adolescencia. Un pelo de mujer, de mujer en el sentido más perfecto de la palabra, largo y enredado en su propia naturaleza, salvajemente corregible en peinados de cualquier tipo y voluminoso como la luz del día sobre las calles. Cualquiera moriría por tener el pelo como tú.
Ahora la mirada tiene que pasar por tu rostro, ¿tú sabes lo que es mirarte a la cara? Cuando se mira tu cara, cuando se ponen los ojos en el espejo infinito de los tuyos, grandes como un atardecer en verano, de un color que ha salido del mismo sol a través de los siglos. Unos ojos que miran el alma, el interior de las almas de las personas, que te atraviesan como la música los oídos y te hacen sentir afortunado sólo por ser capaz de observarlos cerca. Y como cae alrededor de tus ojos tu rostro, con una simetría imposible de lo perfecta de su trazo. Desde la nariz a la boca,
hasta las estrellas de tu perfecta sonrisa que terminan por derrumbarte interiormente cuando la contemplas. Y tus mejillas, y tu frente, y la suavidad de la piel que es como caminar por la hierba con los pies descalzos a mediodía en primavera.
Luego hay que llegar a tus hombros, que están hechos como de vid. Siguiendo la simetría de tu rostro a la que adorna tu pelo, tu pelo cae acariciándolos como acarician las orillas del río a los juncos, como acarician las nubes delicadamente el cielo al pasar. Y tus brazos, y tus manos que son como los brazos y las manos de los dioses que aparecen en los cuadros de los renacentistas, blancos y suaves, terminando en la sublime forma de tus dedos, que son como de pianista y de madre al mismo tiempo.
Y si hay que hablar de tu pecho, de lo que va del cuello a la cintura, tienes uno de los bustos más hermosos que pueden verse en el mundo. Tanto por el trazo en que están hechos, como la manera de ofrecerse desde tu propia mirada, como si vinieran desde ti y siempre se quedaran contigo. Como las palabras que hablamos, que son nuestras y no son nuestras. Y por mucho que tú digas, que te des asco, hasta la forma de tu abdomen es hermosamente proporcionada. Porque no es algo feo, y mal hecho, sino que conserva su dureza y su proporción, que yo te he visto como se tienen que ver a las personas.
Y tus piernas, y la forma de tus piernas que son como dos columnas llenas de hermosura. La manera en la que se une tu espalda con tus piernas, pasando con esos hoyos extraños que parecen la marca de una firma prestigiosa. Con la forma sensual, como interrogantemente atractiva de tus caderas que dan ganas de ponerse a bailar contigo siempre. De espaldas, tumbada, eres un mar de belleza hecho de carne y de calor y de hermosura sin fin. Créeme que yo puedo decírtelo a ciencia cierta, que te he visto dormir horas y horas y te contemplo a mi lado, como se contempla una obra de arte, que encima tiene vida y es más perfecta todavía.
Imagínate todo lo que te he contado, con la increíble melodía y forma de tu voz. Que es la voz de los recuerdos, una voz que te hace temblar de alegría interiormente, sólo por escucharla. Una voz que completa tu mirada, tu cuerpo, tus manos, tu forma de estar.
¿Cómo puedes decir, que te das asco? Si eres una de las cosas más agradables del mundo, si dentro de ti vive la belleza corpórea e incorpórea, la belleza de los cuerpos y de las almas. Y todo lo que le gustaría ser a cualquier persona, vive dentro de ti involuntariamente. Por favor, mírate bien al espejo, y al interior. Y siéntete afortunada, porque es como si todo el mar, todo el cielo, todas las estrellas, se hubieran reencarnado en ti. Y tú, fueras como esas diosas de las que hablan las mitologías, repleta de hermosura, de gracia y de perfección natural.
Me dejo muchas cosas por decir,
te quiero, te quiero tanto que me da alegría pensar en ti.
Un millón de besos, mi vida.