¿Te acuerdas, Estela, del día que nos dimos nuestro primer beso, recuerdas lo rápido que se nos pasó la mañana juntos riéndonos?
Cómo contar la sucesión de aquellos días, no los puedo recordar con toda la claridad que se merecen, más que lo que ocurrió recuerdo mejor mis propias sensaciones. Esa sensación de estar pisando nubes rosas, como si se pudiera caminar sobre el cielo de la tarde. Sentir en las palmas de las manos, las tuyas como agua que bajase de un río cristalina y me llegara al centro del alma, para no dejar de alimentarme nunca.
Lo poco que recuerdo con claridad, tú siempre recuerdas mejor que yo, es que quedamos un viernes por la tarde para salir. Lo que hicimos aquella noche, no lo recuerdo, supongo que iríamos al "Eureka", ese bar que existe ahora con otro nombre y estuvimos con amigos jugando al billar hasta las dos o las tres de la mañana, y luego fuimos al Can Can, uno de los lugares donde más tiempo he pasado después de mi casa. Cuando salimos de allí, yo ya te había pedido, como un niño de quince años que te líases conmigo y tuve miedo, tuve muchísimo miedo porque me dijiste que no. Cuando te vi a la luz de la mañana me di cuenta de por qué no, aparte de porque estaban allí nuestros amigos, estabas como una cuba. Yo te propuse llevarte a tu casa con el coche y cogerme un taxi desde la tuya, pero quedamos en que era mejor ir a mi casa a desayunar hasta que se te pasara un poco la borrachera y pudieses conducir.
El caso es que no sé cómo, empezamos a hablar del cielo y las estrellas camino a casa, y cuando subimos a mi casa yo te enseñé todas las habitaciones, como un vendedor de pisos. Recuerdo que te hice algo de beber, no sé si un vaso de leche o una manzanilla, qué más da, y también recuerdo que una de las veces que entrastes en mi cuarto se te enganchó el colgante que llevabas con el pomo de la puerta y se te rompió, aún recuerdo las bolas dando saltitos y a ti riéndote y diciendo: "Esto lo arregla mi padre seguro".
Luego recuerdo que nos tumbamos juntos en mi cama, y yo me puse del otro lado, para mirarte la cara mientras hablábamos y porque me daba un poco de vergüenza que pensaras que te había traído a mi casa con intenciones lascivas, que aunque las tuviera, no quería demostrártelas... No. El caso es que recuerdo que empezamos a hablar y no sé cómo, acabé tumbado del otro lado, y no sé cómo empezamos a decir tonterías y a reirnos un montón, recuerdo una que todavía me hace gracia: Del mar el cordero y de la tierra el mero; y de la prima la vecina, y de vecina la del primero. Y todo aquel maremagnum de cosas graciosas, que nos hicieron reir, tanto que a mí me dolió la tripa y todo de reirme.
Luego recuerdo que te di la mano y empecé a acariciarte y que estuvimos así mucho rato, tranquilos, sin nada más que hacer ni que pensar, y yo creía que había llegado a una especie de éxtasis espiritual, porque nunca me había sentido tan a gusto con nadie.
También recuerdo que te tuviste que ir, porque te había pedido unos apuntes tu amiga Noemí, y como estábais en época de exámenes no la ibas a dejar colgada. Y recuerdo que te pedí un beso en el marco de la puerta, según te ibas, por si acaso desaparecías para siempre. Es un miedo que no he perdido desde entonces, el miedo a que sin saber por qué, un día desaparezcas. Y recuerdo que me lo diste, y que cuando te fuiste de casa, yo empecé a saltar y a celebrarlo todo como si hubiera marcado el gol de la final de la copa de Europa Zidane.
Recuerdo que me puse música, y que tardé mucho en dormirme, y que en cuanto me desperté entré al messenger y me preguntaste, todavía no encuentro palabras para describir esa emoción, me preguntaste que si podías volver a mi casa. Y yo te dije que por supuesto, a la hora y media estabas aquí otra vez conmigo, y con la mochila esa de color negro con puntitos de colores que me gusta tanto. Aquella tarde fue muy especial, estuvimos viendo la televisión juntos en el sofá de casa, y luego no sé por qué, aparecieron unos chupitos de orujo espirituoso, la bebida más extraña y alucinógena que existe, pues parecía que cuando contábamos algo estábamos dentro de nuestros propios recuerdos y podíamos verlos con claridad. Recuerdo que salimos a la terraza de mi casa, y que yo te dije, que ojalá que la vida fuera así para siempre, los dos solos estando tan a gusto como aquel día. También recuerdo que hablamos del instituto y de los profesores que tuvimos en común, pues aunque habíamos coincidido en hacer el bachillerato en el mismo instituto, ninguno de los dos recordaba haber visto al otro. Y al cabo de un rato, tampoco sé muy bien cómo, terminamos en mi habitación escuchando Coldplay. Al cabo de un año me has regalado un disco de ellos, y para mí tiene un valor infinito que me hayas regalado la música del mismo grupo con el que nos besamos (bien besados) por primera vez. !VIVA LA VIDA!
Sé que aquella mañana, aquella tarde y aquella noche fueron las horas más felices de mi vida, y todavía se me saltan las lágrimas de alegría al recordarlo y al pensar en ti, porque no sé qué habría sido de mí si aquellos días no llegas a aparecer tú en mi vida para siempre. Ese tipo de momentos son los que cambian la vida para siempre, y no tengo palabras para agradecerte todo lo que me haces sentir estando a mi lado desde aquel día, no ha pasado ni uno solo desde entonces en el que no nos hayamos visto o, al menos, hayamos hablado mucho rato juntos.
Pase lo que pase con mi vida, sé que puedo decir que he sido muy feliz, y que mi vida ha tenido sentido porque he visto brillar tus ojos en la oscuridad mirándome, porque mis labios han besado tus labios y mi cuerpo se ha abrazado con tu cuerpo. Y eso basta para ser feliz, no hay fuerza más poderosa, limpia y pura que la del amor verdadero, el amor que no necesita de nada más que de tu rostro y tu voz alrededor de mí. Aquel día las parcas, las moiras, o como sea quien una los hilos del destino de cada persona, hicieron encaje de bolillos con nosotros.
Te quiero, mi vida, te quiero tanto que parece que voy a echar a volar de un momento a otro. Gracias por ti, por estar conmigo, por hacerme sentir el hombre más feliz de este mundo, aunque estuviera y esté cargado de defectos.
Te amo.
FJLeón