Vídeo del día para mi Cosa

jueves 31 de julio de 2008

La historia del hombre solitario

Hola Estela, hoy por aquello de no hacer siempre lo mismo, y de buscar nuevas maneras de decirte las cosas, he decidido que te voy a contar una pequeña historia, un pequeño cuento que concebí ayer por la tarde mientras iba camino de tu casa en el autobús. Espero ser capaz de expresarlo como se merecen tus ojos:
Un hombre, imaginateló como quieras, salió de su casa para dar un paseo después de haber venido de trabajar. No tenía mujer, ni hijos, era un hombre solitario. Su vida consistía en pagar sus gastos, ir y volver del trabajo, ir y venir de la compra e ir y venir de sus paseos solitarios por las tardes.
Aquella tarde caminando por las calles habituales de su paseo, vio a otro hombre sentado en el banco de una acera llorando desconsoladamente, como si hubiera perdido a su mujer, o se le hubiera muerto su madre. Nuestro solitario se acercó a él y le preguntó:
-¿Qué le ocurre? ¿Por qué llora de esa forma?
-!Eh! ¿Qué hace aquí, qué quiere? Yo no le conozco de nada, déjeme en paz. ¿Quién se cree que es para preguntarme qué me ocurre?- dijo apretándose el hombre del banco los ojos con la palma de las manos, sin querer siquiera mirar quién le hablaba.
- Lo siento, no quería molestarle- murmuró nuestro protagonista y siguió caminando calle abajo.
Nuestro hombre desprendía tranquilidad con cada uno de sus pasos, como anda una persona mayor, o un abuelo de la mano de su nieto. No supo cómo sentirse después de la contestación del hombre del banco, sus pasos se hicieron más largos y lentos, como si buscase consuelo en ellos. Cuando llegó al final de una de las calles, vio como una madre pegaba a su hijo chillándole, porque al parecer se había tropezado y el helado que llevaba en las manos el pequeño había manchado su camiseta, cayéndosele al suelo.
-!Eres un inútil! !Mira cómo te has puesto la camiseta recién lavada!- gritaba la madre mientras lo empujaba de uno de los hombros y le daba una patada que lo arrojaba contra el piso de la calle.
Nuestro hombre observó la situación y se acercó a la madre:
- No pegue al chiquillo. Seguro que se le cayó sin querer, más lo sentirá él, que ni siquiera puede comerse ya el helado.
-¿Y a usted qué le importa? ¿Es acaso suyo? !Me van a decir a mí cómo tengo que educar a mi propio hijo, yo me espatarré para parirlo! ¿Qué quiere, qué mira?- dijo la mujer indignándose mientras miraba de arriba abajo y con los brazos en jarra a nuestro hombre.
-Nadie se merece que le traten así, mucho menos un niño, y mucho menos si es su propio hijo- pronunció, y siguió el camino de su paseo pasando la mano por la cabeza del niño que miraba con miedo desde el suelo a su madre y al extraño.
Los pasos de nuestro hombre solitario se hacían cada vez más largos y más lentos. Andaba como a grandes zancadas, parecía que jugaba a saltar las líneas que atravesaban de una lado a otro las aceras, en ello, en cambiar su manera de andar, encontraba otra vez consuelo. Cuando su paseo ya iba a terminar, estando ya muy cerca del portal de su casa, pudo ver como robaban de un tirón el bolso a una mujer anciana que parecía volver de la compra. El ladrón corrió en dirección opuesta a los pasos de nuestro hombre y pasó a su lado con el bolso en la mano, como pasa un coche a toda prisa saltándose un semáforo. Sin saber cómo reaccionar, perplejo, se acercó a la anciana:
-Disculpe señora, ¿Se encuentra bien? ¿Le han hecho daño?
- Malnacido. ¿Por qué no ha corrido detrás del ladrón, eh joven? ¿Por qué no ha salido detrás de él, viendo que me quitaba el bolso? Es usted un cobarde, aléjese de aquí, hoy en día ya no hay hombres. Qué vergüenza de vida, si mi marido viviera...- dijo la señora recriminando a nuestro personaje su perplejidad, agarrando de nuevo las bolsas de la compra.
- Lo siento señora, me pilló de sorpresa. ¿Llevaba cosas de valor en el bolso? ¿Quiere que la acompañe hasta su casa?
- Le he dicho que se largue, a usted qué más le da lo que yo llevara. Ya no lo tengo y no hizo nada por recuperarlo- pronunció lastimosamente la mujer anciana, mientras hacía por alejarse de la presencia de nuestro hombre solitario.
Nuestro hombre, esta vez, se sintió peor que las otras dos veces. Ya no quería regresar a su casa, y se sentó en uno de los escalones que separaban los soportales, de la acera y la carretera donde estaban aparcados los coches de la vecindad. Paso allí sentado más de dos horas, sin que nadie se percatara de su presencia, ni reparase en él. Pasaron autobuses, coches aparcaron cerca suyo, y ya entrada la noche vio como el camión de la basura, con sus luces naranjas de ambulancia, vaciaba los contenedores elevándolos con los brazos mecánicos. Cansado de esperar a nadie, subió finalmente a su casa, cenó un vaso de leche y se metió en la cama mientras escuchaba los sonidos de su propia soledad, pensando que no le importaba a nadie, y que no había sido capaz de ayudar.
No sabía que el hombre que lloraba en el banco, lo hacía porque había perdido todo el dinero del trabajo de aquel mes en el bingo y en las máquinas tragaperras, que la madre que gritaba era la esposa de aquel hombre, el niño al que ya no maltrataron más su hijo, y que el ladrón al que no pudo perseguir era el mismo hombre que el del banco de la acera. Por suerte para el ladrón ludópata, la anciana llevaba en el bolso más de cuatrocientos euros que acababa de sacar del banco. Era una señora viuda adineradísima, avariciosa, y dueña de varias empresas de máquinas recreativas fundada durante la dictadura franquista, que sus hijos se dedicaban a gestionar en parte y era motivo de rencores eternos entre los hermanos, debido a que toda la herencia del padre recayó en la propia madre.
Nunca pienses que tu ayuda no sirve para nada.
***
Mil millones de besos.
FJ.León

miércoles 30 de julio de 2008

No muere el amor

Hola Estela, hoy he tenido un mal sueño. Creía que me moría y una vez que estaba al otro lado de la vida no podía regresar a ti, era todo negro pero seguía sintiendo que te quería. Y te mandaba mi amor desesperadamente a gritos ahogados, como cuando se pide auxilio en los sueños, tú conoces esa sensación. Al despertarme he pensado en ti y he pensado "El amor es más grande que mi vida" y he sentido que tenía que escribirlo de alguna forma.
"No es el amor quien muere,
somos nosotros mismos."
Luis Cernuda
No muere el amor
El amor es más grande que mi vida.
Me sobrevivirá eternamente,
como el mar contra el cielo frente a frente
dejando la mirada dividida.
Con él en mí, su luz siempre encendida,
será la sangre de un adolescente,
un narrador perfecto y omnisciente
que escribió todo y que jamás olvida.
La muerte un día cerrará mis ojos,
perderé mi memoria y bajo tierra
mi corazón encontrará su nada.
Pero el amor no entiende de cerrojos,
no muere, no perece, no se encierra,
es una libertad sin fin y desatada.
Besos.

martes 29 de julio de 2008

Eres todo para mí

Te siento en cada gota de mi sangre, en cada parte de mi cuerpo. Te siento en mis tobillos, en mis rodillas, en mi estómago, en mi cuello, en mi cabeza. Te llevo conmigo, como se llevan las palabras y los sueños de un sitio para otro. No importa donde vaya, vas en mí, como la luz va con el día y la oscuridad con la noche, como el agua tiene su lugar en el mar y las nubes y las estrellas su sitio en el cielo.
El amor existe, es verdad, aunque no tengo una prueba fehaciente más allá de lo que puedo sentir y me haces sentir a través de ti. Existe tanto como los árboles en la calle moviéndose al compás del viento, existe como las canciones y las lágrimas dentro de nuestros ojos.
Has hecho de mí un ser capaz de amar, has convertido todo mis defectos en una sola virtud que mira hacia tus ojos. Todo lo que quiero es abrazarme a ti y dejar que todo pase, quedarme a tu lado infinitamente.
No me canso de estar a tu lado, ya lo sabes. Eres mi hábitat natural, el sitio donde quiero que esté mi vida. ¿Mi vida? Mi vida eres tú. ¿Mi patria? Mi patria eres tú, escribió una vez Cernuda, y esas palabras son también verdad. Y todo lo que es verdad nos hace libres. Y es verdad que te quiero, y es verdad que necesito escuchar tu voz y sentirte cerca, y es verdad que quiero pasar mi vida contigo. Y creo que eso ya justifica venir a este mundo, muchas veces siento que vine a este mundo para encontrarme contigo. Que mi destino estaba en llegar a conocerte y reconocer en ti mi propia identidad.
El amor es tan grande, que cada pequeña cosa, cada detalle, se convierte en un mundo, como sentirte feliz por haberte comprado unos calcetines y saber que voy a contártelo y a escuchar tu risa.
Si existieran más vidas, aparte de esta, de la que nos toca como seres humanos, me gustaría vivirla contigo. Si fueras una cigüeña, me gustaría ser la cigüeña que está a tu lado y en tu nido. Si fueras un bolígrafo, me gustaría ser la tinta que rellena tus trazos. Si fueras el sol, me gustaría ser todos los planetas que giran a tu alrededor, adorándote.
Eres todo para mí.

lunes 28 de julio de 2008

Mientras mirabas las estrellas

Ayer, mientras mirabas el cielo y esperabas que cayeran las estrellas-! y es verdad que caían algunas!- me di cuenta de lo terriblemente hermosa que eres cuando miras. Cuando tus ojos buscan lo que quieren encontrar y se tornan como de fuego. Pensé que las estrellas eran las que buscaban tus ojos y por eso cruzaban el cielo. Tú las sabes distinguir, sabes distinguir entre la luz de los aviones, y la diferente luz de las estrellas fugaces. No, me decías, no son estrellas, son cometas, trozos de piedra que caen del cielo y se deshacen. Hasta puedo imaginarme y ver las estelas que van dejando, fíjate bien. Y según hablabas yo veía todo lo que decías, como los niños imaginan vivamente lo que le cuentan las personas mayores.
Te quiero tanto que me da miedo, dependo tanto de ti para estar tranquilo, para estar bien conmigo mismo. No pienses que es un miedo malo, es como cuando tienes una gran responsabilidad. Me siento responsable de cuidar de nuestro amor, !yo!, que soy un desastre, un destrozón y un desorden mental constante.
Pero me gusta tanto cualquier mínima cosa tuya, cada lunar de tu cuerpo, cada pequeña parte de tu piel tersa y perfecta que huele a diosa y a pan recién hecho.
Me haces tan feliz que a veces siento que voy a explotar en mil pedazos de felicidad, y que se va a repartir por el mundo toda esa alegría que llevo dentro, porque con una pequeña parte de lo que me haces sentir, se acabaría toda la tristeza en el mundo.
Te quiero cuando estás y cuando no estás, cuando te veo y cuando no puedo verte, cuando estoy despierto y cuando estoy dormido. Y querer, amar, sentir que tienes alguien al lado que completa tu vida y la hace mejor, más real, más inigualable que cualquier otra del mundo, es increíblemente hermoso, aunque siempre menos que tú porque para mí todo es inferior a ti.
La vida debería tener una magnitud de felicidad que se llamase Estelómetros. Yo estoy al máximo nivel de estelómetros en la sangre, pero lo mío es una enfermedad terminal e incurable. "Soy el remedio sin receta y tu amor mi enfermedad" que diría Andrés Calamaro, que tanto te gusta, y a mí a través de ti también.
Un millón de besos.
FJ.León

domingo 27 de julio de 2008

La noche de aquel día, el día de aquella noche

Estela, de qué materia estarán hechos los recuerdos que hacen que nuestra vida tenga, al menos, un sentido, el de acumularlos y revivirlos.
Mientras vivimos las cosas nos suceden como en un presente sin fin, sin que seamos conscientes de que ese momento en concreto acarrea para nosotros una especie de eternidad en la memoria.
No estoy hablando solo de los recuerdos de niñez, que se quedan grabados a fuego con nuestra personalidad, como si fueran la fuente por la que corre nuestra sangre el resto de los días de nuestra vida. Me estoy refiriendo a los recuerdos felices, a los que parece que vivimos a solas, lejos de nuestra familia, para encontrar en alguien en un primer momento extraño, la cercanía más verdadera y posible.
Habría de pintarse el más bello cuadro, componerse la más hermosa sinfonía, rodar la mejor película de la historia, para inmortalizar el recuerdo que tengo de nosotros dos la primera vez que pasamos una noche, una mañana y un día a solas. Perdimos la noción del tiempo. Tú lo sabes bien, a veces hablamos de ello como hablaría un jugador de fútbol de la noche en que ganó la Copa de Europa. Más que un recuerdo, es una amalgama infinita de emociones nuevas, que no habíamos sentido, al menos yo no sabía que existían, hasta ese momento. Algo que nos hacía especiales por primera y última vez, como una vez que se ve el mar.
Podría contarlo, podría decir cada una de las cosas que hicimos, pero perderían su sentido. Como si arrojase el vino de una botella sobre un folio en blanco, como un truco de magia que no debe explicarse jamás porque solo lo conoce el mago.
Sólo quiero que sepas que tú le has dado sentido a mi vida, y que te debo tantas cosas, tantos momentos inolvidables e inexplicables, que me parece que contigo vivo otra vida que no es mía. Como si mi único destino hubiera sido llegar hasta ti, y me hubiera dejado atrás para continuar contigo hasta el fin. Quiero ver el fin contigo.

sábado 26 de julio de 2008

Para decirte

No encontraba palabras para decirte lo que sentía, y de repente las he encontrado todas.


Para decirte
Hoy deja que te diga con la luna,
que te pronuncie con el cielo entera,
hoy déjame decirte a mi manera
que como tú no hay nadie, que ninguna
palabra tuvo nunca la fortuna
de destrozar su última barrera
para decirte, y que por vez primera
las he encontrado todas una a una.
Y es que no hay luz más pura que tus manos,
ni una sonrisa para tu sonrisa,
ni una mirada para tu mirada.
Y es que de ti nacieron los veranos,
el mar y la estrellas y la brisa
sin hacer falta que tú hicieras nada.
Te quiero más que a nada en el mundo.
FJ.León

viernes 25 de julio de 2008

Volví a nacer.

Igual que en el tiempo han puesto un antes y un después de Cristo, deberían contarse los días de mi vida a partir de ti, y que el resto de cosas que pasaron antes con mi vida, no fuesen más que un montón de oscuridad, piedras y paganidades que perdieron su valor. Te lo digo con el corazón, con mis latidos uno a uno.
No comprendo mi vida cuando la miro hacia atrás y veo la cantidad de cosas vacías que ocuparon mi tiempo, mientras tú, mi salvación, andaba por el mundo sentada en cualquier parque en compañía de otras personas, o en su casa durmiendo mientras yo intentaba poner en línea recta mis pasos de borracho volviendo a casa para no caerme, siete noches a la semana.
No ha habido mayor ilusión en mi vida que la de sentirme una persona nueva a tu lado, de tener la oportunidad de renacerme a través del tiempo contigo. No hizo falta morir para volver a nacer, tan sólo hizo falta poner mis manos sobre las tuyas, dibujar con caricias el perfil de tu cuerpo y sentir que tu voz se convertía en la voz de mis pensamientos y de mi vida.
Sé que te suena extraño y novelesco, sé que no me crees cuando te digo que no había querido a nadie en mi vida hasta que llegaste tú. Pero la verdad tiene estas cosas, cuesta mucho creerla. Hay que repetirla muchas veces, someterla a experimentos empíricos que la demuestren, diseccionarla. Pero al final siempre luce, como luce sobre todas las cosas la luz de las estrellas, sin que las pueda detener ninguna sombra. Mi verdad eres tú. No sería capaz de volver a querer a nadie en la vida de este modo, con amor, con amor verdadero. La verdad de mi amor verdadero, parafraseando otra vez a Cernuda, eres tú.
No quiero que pienses que el día de mañana formarás parte de mi pasado, y hablaré de él otra vez como si fuera una cosa vacía, incluyéndote a ti. Si me dejases mañana, pasado o dentro de dos años seguiría pensando que he sido el hombre más afortunado de este planeta, sólo porque fui capaz de compartir cosas contigo, porque logré llegar a besarte y tenerte conmigo al lado durante un tiempo. Ya no podría ser feliz nunca más, sería como si arrancasen las páginas cruciales de la novela de mi vida, y ya nadie, excepto yo la pudiera comprender. Como si de pronto abandonase una familia la casa de toda una vida, y quedase la soledad de las paredes desnudas escuchando su propio vacío. Cómo podría yo decirte que no era nadie hasta que llegaste tú. Que no sabía que se podía amar verdaderamente, con sinceridad, con el azul del cielo dentro de los ojos.
Hay quien vuelve a nacer, como dice el bolero: Contigo aprendí, que yo nací el día que te conocí.
Sé que son ciertas esas palabras, ojalá pudiera demostrártelo de manera que me creyeses.

jueves 24 de julio de 2008

Por lo menos te tengo a ti.

Dices que no te gusta el mundo, Estela. La naturaleza es cruel, no entiende de leyes morales. Es como la enfermedad, que no le importa a quien está matando, lo único que quiere es sobrevivirse a ella misma a costa de lo que sea. No hay que culpar a la naturaleza de nada, sino a nuestra propia mirada sobre ella, que nos hace creernos ajenos del mundo.
A mí lo que más asco me da de este mundo es el dinero. No es tan siquiera una magnitud que pueda percibirse en la naturaleza, fuera de la nuestra, de la humana. El dinero es la enfermedad del mundo, Estela. Las tierras que se venden no pertenecen a nadie, los árboles, los animales, el sol que da sobre las casas no es de nadie. Y hoy en día se vende todo, hasta los cuerpos de las personas. Las niñas prostitutas con diez años, el turista morboso y adinerado de occidente con su sexo entre las piernas, peor que un perro. Vendemos nuestra propia vida, nuestro propio tiempo por dinero. Ocho o diez horas diarias, por unos cuantos euros, dólares... Qué más da la moneda. Antes pagaban a la gente en pesetas. Es absurdo.
El dinero, lo mismo que el tiempo, no existe. Es una absurda invención humana para controlar el mundo, para encasillarlo todo y darle a cada cosa su momento. El dinero es un papel coloreado, unos metales con formas. Si yo tengo dinero soy capaz de convencerte de que vendas tu casa, y hasta de que cualquier mujer se acueste con un extraño por ocho millones de euros. A todo se le pone precio, a todo lo que es útil. El ser humano es acostumbrable a cualquier cosa, por eso existen tantas lenguas y diferentes culturas. Las culturas, Estela, no son otra cosa que un montón de costumbres diferentes que nos han ido dictando generación tras generación, para diferenciarnos unos de otros. Cada país en su frontera, cada persona en su cuarto. Ya nadie piensa por sí mismo nada, si es que alguna vez pensó alguien por sí mismo.
La única libertad que existe es el amor, estar preso en alguien que decía Cernuda. Y así, como olvidados de nosotros mismos transformar ese amor que nos aleja de nosotros en cosas inútiles. En besos, en libros, en cuadros, en canciones... Pero el dinero lo quiere todo, y ha convencido a todos los hombres, nadie quiere cambiar el mundo, porque mañana tiene que ir a trabajar o irse de vacaciones.Cervantes y Goya murieron solos de hambre y hoy sus libros y sus cuadros generan beneficios millonarios por el mundo, y qué. No escribieron y pintaron por dinero, sino para sobrevivirse, para darse, aunque pagasen a Cervantes por sus libros y a Goya por sus cuadros.
Nuestras vidas están diseñadas, arquitectadas de antemano, y es triste. Tan triste como el niño que se muere de hambre, o el animal al que crían para arrancarle la piel.
Si es verdad que existe el infierno, no puede salvarse nadie, ni uno solo de los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Todos tenemos la culpa de todo. Si supiésemos la verdad, si todo el mundo dejase de ir a trabajar al mismo tiempo, y fuésemos a dar lo que tenemos a quien no lo tiene. Pero no. Preferimos morir con los abrigos en el armario. Y me incluyo en el -imos.
Decías que el mundo no te gusta, yo por lo menos te tengo a ti.

miércoles 23 de julio de 2008

Más allá de cualquier arte

Estás más allá de cualquier arte, Estela. Si no se puede estar leyendo la misma página que nos gusta del libro que más admiramos, ni observando siempre la maestría un cuadro de Murillo o de Velázquez, ni tan siquiera escuchando la canción que más nos gusta de nuestro grupo favorito porque uno acaba cansándose...¿Cómo es que yo no puedo dejar de mirarte sin cansarme, ni querer dejar de escuchar tu voz un solo momento de mi vida?
Será que tú eres como las estrellas, que uno no se cansa de mirarlas por la noche, como queriendo adivinar en ellas lo que nos parecen decir de lejos. O será que eres como el mar, siempre llegando hasta mis ojos, y sin embargo cada día de una forma nueva. O quizá eres como la mañana que deja atrás la noche, como la tarde que deja atrás el día, de un mismo modo y diferente cada día que pasa.
Deseo que no se acabe el tiempo para poder pensar en ti, para tener la posibilidad de estar contigo cada día y como si se tratara de la visita a un museo, con el mismo afán de observar e impregnarse de arte, mirar el fondo de tus ojos, escuchar la cadencia perfecta de tu voz, que es como agua que cae de una fuente tranquila, y envolverme otra vez la música indescifrable de tu risa y tus abrazos.
Todo esto sale de tu alma y yo lo veo. Todo ese arte que soy capaz de adivinar a través de tu cuerpo, en tu manera de afrontar cada día, en las cosas que te preocupan y que observas. Eres una obra maestra que se repite, como las obras de Shakespeare en cualquier teatro del mundo, como los ojos que vuelven a leer un poema de Bécquer y hacen emocionarse al resto del cuerpo.
Llévame contigo. Decía Dalí que no hay que tener miedo de la perfección porque nunca se alcanza. Menos mal que no llegó a conocerte, porque habría empezado a pasar miedo. El mismo miedo y la misma alegría que tengo yo por vivir y no perderte.

martes 22 de julio de 2008

Debería ser siempre verano

Debería ser siempre verano, eso me has dicho hoy, y estoy de acuerdo contigo Estela. Aunque sólo sea para que te guste más cuando se hace de noche estando en la calle, y haya siempre aparcamiento en el mejor sitio del centro de la ciudad y cerca de casa. A mí me gusta el verano porque tú llevas menos ropa, porque puedo tocar tu espalda al descubierto y rascártela como a ti te gusta. También me gusta que no haya mucha gente en los restaurantes para poder ir contigo, y que parezca que se trata de uno de esos sueños en los que estamos a solas tú y yo.
Debería ser siempre verano para pasar todo el tiempo que queramos juntos como ahora, apenas sin más obligación que la de mirarnos a los ojos cada tarde, para dormir hasta que los ojos se cansen de dormir. Para trasnochar leyendo todo lo que queramos.
Debería ser siempre verano para poder irme contigo otra vez a la playa, y bañarme en el mar contigo. Para mirarlo otra vez a tu lado y sentir que todo lo hermoso que me parece la inmensidad de aguas perdiéndose en el horizonte, sería capaz de cambiarlo por volverte a ver dormir a mi lado. Y ver como se dibuja en tu cara la sonrisa de la niña que fuiste un día cuando duermes. Tú duermes como los niños, con esa tranquilidad infinita y ese cansancio inocente que agota sus músculos.
Debería ser siempre verano para sentir que somos libres, que no tenemos que volver a esperar el autobús o el tren en la parada y estar en sitios donde realmente no queremos estar, escuchando a quien no queremos escuchar. Para que tú no tengas que pasar frío por la mañana descongelando la luna delantera del coche, y para que yo no me resfríe y te tenga que estar pidiendo pañuelo cada cinco minutos.
Debería ser siempre verano tan solo porque lo has dicho tú.
Te quiero.

lunes 21 de julio de 2008

Te pertenezo

He encontrado este poema que te escribí al poco de que empezáramos tirado por mi cuarto, ya sabes lo desordenado que soy. Así que te lo copio aquí, para que no se pierda, al menos por ahora:

Esta noche

Qué palabras pueden hablar de ti,
que no se hayan dicho ya,
que no sean meras repeticiones de otras bocas,
que no sean palabras aprendidas de los demás.
Cómo se puede llamar a un sentimiento nuevo,
que me aleja de lo que soy para convertirme en lo que soy junto a ti,
en lo que me haces ser a través de ti y todo lo que rodea a tu nombre,
a tu cuerpo,
a tu forma de hablar...
Si te parece que la luna es más grande
o que el sol nos da un calor diferente,
cómo se llama eso,
cómo nombrar el amor
cuando lo han repetido tantas veces,
y sientes que nadie lo ha podido encerrar en ti
como se encierra con nosotros
la sensación de pertenecernos.
Te pertenezco,
en el hueco que formas con tus brazos
quiero vivir mi vida,
la única vida que elegí,
igual que las estrellas en el cielo
están en su lugar,
o como el árbol
por el que pasan los años,
o como el hombre viejo
que ya ha vivido todo
quiero ser a tu lado.
Quiero convertirme en una flor
o en agua de mar
que toca tus pies,
para decirte
que te quiero,
y que nadie
lo podrá decir como lo digo yo esta noche
con la sinceridad del que no espera ya más nada de la vida
porque lo tiene todo.
Te pertenezco.

Interminable

Decía Bécquer, Estela, que sólo se podía escribir sobre las cosas cuando se habían sentido del todo. ¿Y cómo voy a poder yo escribir sobre ti, o sobre nosotros, si lo que siento por ti no acaba nunca? Yo no puedo sentirte del todo, ni siquiera al final del día cuando los párpados se cierran tranquilos por el sueño puedo dejar de sentirte, tampoco cuando mi cabeza comienza a tejer los más extravagantes sueños donde todo me quiere arrebatarte. Si acaso, de sentirte del todo, te siento continuamente del todo. Como sentimos que la luz se va con cada día, o cuando el agua se nos cae de las manos sin poder contenerla.

Se sienten más cosas de las que se pueden expresar, Estela, y tú eres para mí como tu nombre. Algo que nunca dejo de perseguir, como un agua que nos diera más sed con cada trago. Eres interminable para mí, como la vida para los niños, como la luz del sol y las estrellas para nuestros ojos. Yo quisiera detenerlo todo y encerrarme por siempre en tu mirada, y que no ocurriese nada más nunca más. Me haces suficiente. Haces que cada uno de mis latidos haya tenido sentido, como si hubieran sido los golpes que hacían falta para esculpir mi vida. Como decía Cernuda, si el hombre pudiera decir lo que ama. Si yo pudiera decir lo que te amo, me convertiría en las nubes que te gustan al atardecer cuando el sol se anaranja y se vuelve casi rosa, o en brisa de noche de verano que jugase con tus rizos a enredarse por tu espalda, pero esa brisa especial, la fresca que nos hace recordar cuando éramos pequeños. Y sería tus días de colegio para mirarte desde siempre, las casas donde has vivido, los parques donde jugaste...

No, yo no puedo sentirte del todo.

FJ.León